INTERESES, MENTIRAS Y CHANTAJES TRAS LA CATASTROFE DEL MAX 8
Y culminamos con el Boeing 737, del que van saliendo más cosas. Lo peor que se ha descubierto es que, las autoridades norteamericanas, han hecho la vista gorda al proyecto de este software, ya le llaman el “ Software asesino” Eso, hasta ahora, era inviolable, no se podía hacer la vista gorda a algo así. Y ese nuevo sof
Y culminamos con el Boeing 737, del que van saliendo más cosas.
Lo peor que se ha descubierto es que, las autoridades norteamericanas, han hecho la vista gorda al proyecto de este software, ya le llaman el “Software asesino”
Eso, hasta ahora, era inviolable, no se podía hacer la vista gorda a algo así. Y ese nuevo software interpreta las cosas a su aire y ha habido 11 incidentes en EEUU que no han tenido tanta gravedad, pero Boeing sigue sin dar la cara.
Increíble
“El asesino del Boeing 737 Max es el piloto automático”
“Después de verificar el sistema de navegación lateral, subir el tren de aterrizaje y abrir los flaps, di a
aumentar velocidad. El avión aceleró normalmente y el comandante activó el piloto automático. Dos o tres segundos después, el avión entró en barrena, y el Indicador de Velocidad Vertical se puso a entre 1.200 y 1.500 pies por minuto. Dije 'Descendemos', justo antes de que el Sistema General de Alarma del Piloto empezara: '¡Mantener altitud, mantener altitud!'. El capitán desconectó inmediatamente el piloto automático y el avión empezó a remontar».
En dos o tres segundos, ese Boeing 737 Max 8 pasó de estar ascendiendo del ritmo habitual en esos aparatos -unos 1.800 pies por minuto- a entrar en barrena a una velocidad de entre 1.200 y 1.500 pies por minuto. Un pie son 30 centímetros y medio. O sea, que el avión, que estaba subiendo a aproximadamente 550 metros por minuto, invirtió su rumbo y se lanzó contra la tierra a entre 365 y 457 metros por minuto. Cuando eso se produce en el despegue, con el avión cargado de combustible -lo que puede duplicar su peso- evitar la tragedia es muy difícil. Y, sin
embargo, la tripulación de ese avión logró escapar con vida.
Lo que hicieron los otros dos aviones, es que trataron inmediatamente de aterrizar en vista de que bajaba en picado y ese fue el error. Parece ser que los sensores de recepción, cuando el avión está despegando indican que está demasiado elevado y baja la velocidad y lo echa hacia abajo. Pero eso…. no puede ser
JC: El problema de no haber cambiado el ala –que costaba mucho dinero- al meterle esos motores tan potentes, hace un movimiento que al entrar el piloto automático interpreta mal las señales y lo hace descender
“La tripulación está luchando con el aparato, en el sentido literal del término. El software del piloto automático del Max parece comportarse como una versión primitiva de HAL, el mítico ordenador de la película 2001. Una Odisea del Espacio, de Stanley Kubrick.
Es un sistema automatizado. Uno de los más avanzados --si no el más - que existen en el mundo de la aviación civil. Y ahí está el problema.
El MCAS del piloto automático parece tener propensión a confundirse en el despegue debido, precisamente, a la configuración del Max. El avión tiene sus motores en una posición diferente de la de otros modelos del 737, y eso puede hacer que su morro se eleve demasiado al despegar, con lo que la aeronave podría acabar quedando demasiado vertical. En ese caso, el avión puede perder su capacidad de sustentación en el aire y caer. La única solución en esos casos es poner la proa del aparato en la posición contraria, es decir, apuntando hacia abajo, de modo que la nave coja velocidad de nuevo y sea capaz de seguir volando.
El MCAS está diseñado para evitar eso. Pero parece que a veces se equivoca y cree que el avión está más vertical de lo que en realidad está, con lo que lo pone automáticamente hacia abajo. Eso significa que, en dos segundos, el avión puede pasar de estar ascendiendo a entrar en barrena”.
Y ahora viene lo peor.
En su esfuerzo por ahorrar costes, todo parece indicar que Boeing, con la complicidad de los reguladores de Estados Unidos, no informó a las aerolíneas de la complejidad del sistema. Como consecuencia, éstas no creyeron necesario dar a sus pilotos una formación exhaustiva
para manejar las naves. Las tripulaciones de los Max se encontraron manejando un avión totalmente nuevo como si fuera uno antiguo. Así es como Boeing logró rentabilizar todavía más su vaca lechera, el venerable 737, un avión que tiene medio siglo de antigüedad y del que el 16 de marzo de 2018 entregó la unidad número 10.000.
Con el Max, el que ya era el avión de pasajeros de más éxito de la Historia tenía augurado un futuro todavía más brillante. Boeing ha entregado 350 aviones de la nueva serie y su cartera de pedidos asciende a otros 4.761 por valor de 600.000 millones de dólares. El Max se estaba convirtiendo en un competidor muy duro para la Serie Neo
de Airbus. Hasta que el accidente del domingo ha obligado a Boeing a suspender la producción mientras se prepara para una oleada de cancelaciones y demandas judiciales en todo el mundo.
De acuerdo con esa tesis, por qué Boeing no informó a sus clientes -es decir, a las aerolíneas- de que los sistemas automáticos del avión necesitaban un entrenamiento adicional de las tripulaciones, eso abarató considerablemente el coste del Max. Porque el precio de un avión puede suponer sólo tres cuartas partes de lo que en realidad le cuesta a una aerolínea incorporar esa nave a su flota. Hay que comprar simuladores, piezas, equipos extra y, encima, entrenar a
los pilotos. Eso supone un tremendo coste laboral, que Boeing prometió a las líneas aéreas que no sería necesario.
El Max no era, en realidad, un avión nuevo. Pero el lunes, cuando el gigante aeroespacial declaró que estaba a punto de sacar un software nuevo para arreglar los problemas de los aviones, estaba implícitamente reconociendo que sabía que había problemas con los Max.
En la industria aeroespacial, muchos creen que el intento de la empresa de echar la culpa de la lentitud en el arreglo del problema al cierre de la Administración Federal de Estados Unidos en diciembre y enero, no es más que una mala excusa para salvar la cara en un proceso que puede costar una cantidad a Boeing que nadie es capaz de prever. Aunque, en realidad, el único precio que de verdad importa es el de los 346 fallecidos en Etiopía e Indonesia.
A eso se suma lo que parece una clara dejación de responsabilidad -en el mejor de los casos- o de complicidad -en el peor- de la FAA, que es el regulador de EEUU. La FAA probó el software del Max y no detectó nada. Y siguió afirmando que los aviones eran seguros cuando literalmente el resto del mundo sostenía lo contrario. Al final fue directamente la intervención de Donald Trump, por encima de la propia FAA, lo que salvó la situación, cuando el presidente estadounidense decretó que los Boeing 737 Max no podían volar. A fin de cuentas, Trump tiene un avión privado, aunque en su caso es un Boeing 757 de segunda mano.
En definitiva, la FAA va a tener difícil eludir su responsabilidad. Eso es algo que también está en la base de datos de la Nasa, donde otro piloto anónimo brama, en referencia al regulador: «El hecho de que este avión haya necesitado comprar al jurado para que lo dejen volar es en sí mismo una señal de alarma».
Gravísimo.