LAS PRISIONES FILIPINAS SON DANTESCAS
En diversos diarios aparecen unas fotos de la prisión de Quezón (en Manila, Filipinas) que queremos comentar, en especial una de ellas (la que es cabecera de esta Expres News) Fíjense cómo funcionan las prisiones en aquel país: ésta es una cárcel habilitada para 278 reclusos, y resulta que tiene 3.562. ¿Y esto qué tran
En diversos diarios aparecen unas fotos de la prisión de Quezón (en Manila, Filipinas) que queremos comentar, en especial una de ellas (la que es cabecera de esta Expres News)
Fíjense cómo funcionan las prisiones en aquel país: ésta es una cárcel habilitada para 278 reclusos, y resulta que tiene 3.562.
¿Y esto qué transcendencia tiene? Pues miren la fotografía, por favor: estas personas no están muertas, están durmiendo, pero... unos tienen que dormir de perfil, otros tienen que dormir boca arriba, y otros tienen que dormir de pie. Según se pertenezca a alguna de las bandas que hay en la prisión (porque la cárcel la gestionan los presos, y la policía procura meterse lo menos posible), pues así toca dormir de pie, dormir acostado de lado, dormir boca arriba, o boca abajo. Además hace un “cierto calor”, para lo cual, a veces hay algún ventilador que funciona, y a veces no hay electricidad y no funcionan, y muchos presos mueren de asfixia.
¡Es… insólito!
Las prisiones filipinas son de las peores que hay en el mundo. Siempre las habrá peores, por supuesto, pero… ¿cómo es posible que el deterioro humano llegue a estos extremos?
“Entramos en el purgatorio”, así se llama el artículo del diario El Mundo. La foto está hecha desde una cierta altura y en ella se ve una parte de esos 3.562 reclusos que allí viven. ¡Increíble pero cierto! ¡Esto es increíble que ocurra!
Esto viene al caso porque el nuevo presidente, Rodrigo Duterte, está empeñado en llenar todas las prisiones, y hacer un “exterminio” (decimos esta palabra porque así lo ha planteado) de los drogadictos, para lo cual, de momento los encierra allí, y luego a lo mejor tendrá… “otras cosas que hacer”. Pero es que antes de que el nuevo presidente lanzara su campaña contra las drogas, las cárceles filipinas ya eran las terceras más congestionadas del planeta.
Según Human Right Watch (HRW), el Instituto de Investigación de Política Criminal (Universidad de Londres) dice que la brutal política del mandatario ha propiciado que más de 730.000 consumidores y traficantes de estupefacientes se hayan entregado, y ello ha dado lugar al colapso, claro —¿dónde los ponen?—. La mayoría de ellos, el 80%, todavía no han podido ser identificados. Esa cifra es increíble, pero es que debido al “exterminio” de los drogadictos propuesto por Duterte han muerto ya muchos policías y drogadictos, por ello prefieren entregarse.
Según las reglas de la ONU el índice de congestión actualmente en Filipinas es del 1.281% -¡del 1.281%!-, pero… ¿qué es esto? Nos tenemos que reír al ver estas cifras, pero es una sonrisa de llanto… ¿Cómo es posible que todo esto ocurra?
Por supuesto, imagínense todo lo que se refiere a la comida, la higiene, etc. Los guardias, pocos más de 300, totalmente sobrepasados por sus carencias, han aceptado que los cautivos gestionen a su manera la penitenciaría. ¡Claro! Son ellos los que preparan su comida en cocinas comunales de barro, alimentadas por maderos, que generan una humedad insufrible, que troca en ironía uno de los carteles de las paredes: “Esta es una comunidad de no fumadores”.
Sin lugar para guardar su pertenencias, los presos han desarrollado un sistema de cajas y bolsas que amarran a los barrotes, y hacen las veces de taquillas “colgantes”; lo mismo que la colada, que aparece suspendida de cualquier saliente.
La congestión ha hecho proliferar enfermedades, como la tuberculosis, que según los informes del Departamento de Estado de EE.UU. mata a cientos de reos cada año en las cárceles del mundo. Debido a ello, en Quezón casi un centenar de enfermos permanecen aislados en otra dependencia.
Hay testimonios de personas que dicen cómo es la vida allí. “Lo más triste es que en este ambiente resulta inimaginable pensar en una nueva vida o en cambiar”, refiere Noel Dellosa, de 38 años, que lleva tres en esta prisión. “Yo estuve 6 años en la cárcel de Manila (otra prisión la capital del país) y esto es mucho peor; allí había, al menos, lugar para moverse. Aquí no puedes dejar de chocarte con gente. ¡Es asfixiante!”, dice Dennis Fernández, de 48 años.
¡Fíjense ustedes!
De vez en cuando hay algún “escarceo”. La última vez hubo tres muertos y más de 15 heridos. En Quezón la inmensa mayoría de reclusos son detenidos a la espera de juicio. Entre el 85 y el 90% de los 94.000 reos filipinos permanecen encerrados sin condena. ¡Son presos preventivos! No hay sentencia, están ahí esperando.
¡Qué increíble! Y ésta es una noticia que sale, se da, pero no en primera página ni nada por el estilo. Se está perdiendo un grado de sensibilidad importante y por eso lo hemos sacado a relucir.