OBAMA PRESIDE UN PAÍS-PRISIÓN, Y SE SIGUE OLVIDANDO DE GUANTÁNAMO
EEUU es el país con más presos del mundo. Uno de cada cuatro presos del mundo está en EEUU. China ocupa el segundo lugar. Estados Unidos tiene menos del 5% de la población mundial, pero casi la cuarta parte de los presos del mundo ; es el país que encarcela más gente en el planeta. Según datos del Centro Internacional
EEUU es el país con más presos del mundo. Uno de cada cuatro presos del mundo está en EEUU. China ocupa el segundo lugar.
Estados Unidos tiene menos del 5% de la población mundial, pero casi la cuarta parte de los presos del mundo; es el país que encarcela más gente en el planeta.
Según datos del Centro Internacional de Estudios Carcelarios, del King’s College de Londres, hay 2,3 millones de presos en aquel país (aunque otras fuentes estadísticas hablan de 4,2 millones)... China, que tiene cuatro veces más habitantes que Estados Unidos, ocupa muy lejos el segundo lugar, con 1,6 millones de presos (esa cifra excluye a cientos de miles de personas que se encuentran bajo la llamada detención administrativa; la mayoría de ellas son a menudo disidentes que se encuentran en el sistema extrajudicial de reeducación por medio del trabajo). 
En EEUU, 700 de cada 100.000 personas están en prisión, siendo Texas el estado con mayor población carcelaria. Un 25% de la población de Huntsville son criminales con condena, y éste es el pueblo con más cárceles de todo el estado con un total de nueve centros penitenciarios.
La mayor parte de los detenidos en la cárceles son hombres, y entre la población reclusa destacan los afroamericanos (la tasa de encarcelamiento para ellos es 6 veces más alta que para los blancos; y hay un recluso por cada 35 afroamericanos), seguidos de los hispanoparlantes (un recluso por cada 88 hispanos). Detrás están los asiáticos y, en último lugar los descendientes de europeos o blancos (un recluso por 214 blancos).
El preso promedio en régimen de “seguridad mínima” en una prisión federal cuesta a los contribuyentes de EEUU unos 21.000 dólares al año. El preso promedio en régimen de “máxima seguridad” en una prisión federal cuesta a los contribuyentes unos 33.000 dólares anuales. El coste general anual por mantener a toda la población reclusa del país es de unos 80.000 millones de dólares al año…
¡Ahí está! Es toda una teoría sociopolítica la que hay que desarrollar para entender esta situación y poder presentar soluciones ante lo que está pasando en “el Imperio”. Situación que no es de ahora mismo, sino que ya viene desde atrás.
Y a este respecto es curioso ver cómo el señor Barack Hussein Obama II se ha convertido en el primer mandatario estadounidense que visita durante su mandato una prisión federal (la prisión de El Reno, Oklahoma), una actividad encuadrada en su campaña para impulsar una reforma en el sistema de justicia penal del país.
A este propósito, ha declarado la necesidad de reformar las leyes carcelarias(2), porque le parece injusto que por problemas pequeños las personas puedan pudrirse en la cárcel, o si cometen fallos durante su libertad condicional. Quiere promover propuestas como la reducción de las sentencias para los condenados por delitos no violentos relacionados con las drogas, que afectan de forma desproporcionada a los hispanos y afroamericanos.
Lo que nos llama la atención (y hacemos hincapié en ello) es en que el señor Obama se ha presentado en Oklahoma, y resulta que la mayor, más grave y deteriorante muestra de injusticia está en la prisión de Guantánamo…
Señor Obama, ¡usted debería visitar Guantánamo! Usted debería estar allí con los presos. Ahora que ha hablado con los marihuaneros y pequeños delincuentes en Oklahoma y ha dicho que deberían ser puestos en libertad (lo cual nos parece estupendo), usted debería estar en Guantánamo. Creemos que usted ha confundido las cárceles. Usted debería estar allí, donde no hay leyes, ya que usted reclama leyes más flexibles y tolerantes en las cárceles de EEUU. Usted debería estar allí, en el ‘limbo’ de la justicia, donde yacen y se pudren 122, 126, o… ¡quién sabe exactamente la cifra!, de teóricamente enemigos del pueblo norteamericano sobre los que no hay ninguna prueba suficiente para juzgarlos en EEUU porque serían declarados inocentes. Y ustedes los mantienen allí, año tras año a la espera de no se sabe qué.
Señor Obama, nuevamente le recordamos Guantánamo.
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(1)Desde 1980, el número de personas encarceladas en EEUU se ha cuadruplicado, sin embargo, eso no ha servido para solucionar el problema del crimen y la violencia. La realidad es que las prisiones en EEUU se han convertido en un complejo industrial y un enorme negocio. Actualmente, las compañías de prisiones privadas operan más del 50% de todos los ‘centros correccionales juveniles’ del país. Hay más afroamericanos bajo “supervisión correccional” en la actualidad, que afroamericano esclavos en EEUU en 1850. Según un informe de Equal Justice Initiative (EJI) en EEUU actualmente hay cerca de 3.000 menores de edad condenados a cadena perpetua sin posibilidad alguna de lograr la libertad condicional. Otros 2.500 reclusos cumplen el mismo tipo de sentencia, pero fueron condenados cuando todavía eran menores. Y, además, otros 10.000 menores se encuentran confinados en prisiones para adultos.
El preso promedio en régimen de “seguridad mínima” en una prisión federal cuesta a los contribuyentes de EEUU unos 21.000 dólares al año. El preso promedio en régimen de “máxima seguridad” en una prisión federal cuesta a los contribuyentes unos 33.000 dólares anuales. El coste general anual por mantener a toda la población reclusa del país es de unos 80.000 millones de dólares al año…
(2)Varios especialistas norteamericanos y extranjeros señalaron una sorprendente explicación para el elevado índice de encarcelamiento en Estados Unidos: la democracia. La mayor parte de los jueces y fiscales en Estados Unidos son elegidos y, por lo tanto, son sensibles ante una opinión pública que está, según las encuestas, generalmente a favor de penalizar severamente los crímenes. En el resto del mundo, los jueces en lo penal tienden a ser funcionarios aislados de los reclamos populares para aplicar la ley con todo el rigor.