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OTRA CRUEL HISTORIA DE OTRO PRESO, ESTA VEZ EN JAPÓN

Un hombre, Iwao Hakamada , tras pasar 46 años en el corredor de la muerte en el Centro de Detención de Tokio (Japón), ha sido puesto en libertad. Este ex empleado de una fábrica procesadora de soja en Shimizu , fue acusado en 1966 de matar a cuatro personas de la misma familia (su patrón, la mujer de éste y dos de sus

Un hombre, Iwao Hakamada, tras pasar 46 años en el corredor de la muerte en el Centro de Detención de Tokio (Japón), ha sido puesto en libertad.

Este ex empleado de una fábrica procesadora de soja en Shimizu, fue acusado en 1966 de matar a cuatro personas de la misma familia (su patrón, la mujer de éste y dos de sus hijos).

Y fíjense ustedes: ahora el Tribunal Supremo de Shizuoka ha reabierto el caso porque cree que las muestras del ADN del verdadero homicida no coinciden con las del acusado, por lo que seguramente sea inocente del delito, motivo por el cual el Tribunal  ha decretado su puesta en libertad de forma preventiva...

¡Han tardado 46 años en tener en cuenta esa información!…

Su caso fue visto por tres magistrados: dos a favor de la condena y uno en contra, el más joven, Kumamoto, quien dijo que el juicio había sido injusto. Al parecer, las pruebas presentadas en el juicio tenían deficiencias: la ropa manchada de sangre que se encontró en la fábrica era demasiado pequeña, la puerta por la que se afirmó que había entrado en la casa estaba cerrada con llave, y el cuchillo que se utilizó era demasiado pequeño para causar heridas mortales. La prueba “de peso” fue la confesión firmada por Hakamada tras 23 días de interrogatorio sin contar con la presencia de un abogado. Más tarde en el juicio se retractó y declaró que había sido golpeado y amenazado por la policía para que firmara la confesión, pero no se le tuvo en cuenta. El magistrado que se opuso a la condena, renunció a su carrera judicial un año después.

En un país con tanta arrogancia, tanto protocolo, tanta cultura y tanta cosa como Japón, las cárceles son las más crueles que existen en el planeta, porque entre otras cosas los presos no recibirán ni una sola palabra de ningún carcelero, pues son considerados absolutamente culpables. ¡No hay nada que hablar!

En el caso de los condenados a muerte, estos viven en unas condiciones muy especiales tal situación. Encarcelados en solitario, sin comunicación con otros reclusos, en una celda del tamaño de tres tatamis (menos de cinco metros cuadrados) de la que no salen más de 45 minutos diarios, cada amanecer es una tortura psicológica, porque la mayor particularidad de la pena de muerte en Japón es que los presos desconocen cuándo serán ejecutados. Se les avisa con una hora de antelación, por la mañana, el mismo día del ahorcamiento. Familiares directos y abogados, los únicos que pueden visitar al reo durante su condena, son informados a posteriori de la ejecución. Se trata de "evitar que el preso se perturbe", defienden en el Ministerio de Justicia, aunque irónicamente consigan lo contrario, un estrés aterrador. Puede que un día ejecuten a uno o a dos o… y luego pueden pasar años hasta que ejecutan a otro… Y pueden pasar, como en este caso, más de la mitad de su vida esperando. Quién decide el momento, y cuándo lo decide, es de régimen interno. ¡Se desconocen los entresijos!… Esta es una forma de actuar especialmente pensada como tortura para una persona que es culpable: el no saber cuándo la sociedad se va a vengar por su crimen… La pena de muerte se instauró con el método actual después de la II Guerra Mundial. La espera se considera en sí como una forma de castigo por la “más grave tragedia que puede cometer un ser humano”.

Iwao Hakamada, que en la actualidad tiene 78 años, ha abandonado la prisión ligeramente ‘tocado’, con gesto inexpresivo. Fue recogido por su hermana –quien durante todos estos años ha estado luchando por su liberación-. La perseverancia de la hermana es digna de tener en cuenta. La imagen que nos muestra la prensa nos conmueve: un hombre encorvado, con difícil expresión, acompañado por su hermana… Tras vivir recluido y en régimen de aislamiento durante tanto tiempo ahora presenta una discapacidad mental y su estado de salud es muy preocupante…

De los últimos cinco casos que los jueces accedieron a revisar, cuatro han dado como resultado que el condenado era inocente –no obstante, en estos otros casos “nada más” pasaron unos 30 años en prisión-. La justicia humana es tan estúpidamente arrogante e impresentable que, claro, a estas alturas decirle a este señor “mire, nos hemos dado cuenta de que su genoma no coincide el del asesino” es… impresentable.

Nos impresiona el hecho de que existiendo pruebas tan simples como las del ADN, no se tenga interés en realizarlas, sólo porque con las pruebas “que se ven” la persona sea culpable. Se le da más importancia al procedimiento judicial que a las pruebas y circunstancias que puedan aparecer al margen. Seguramente sea así porque es la forma más segura de preservar el sistema y el procedimiento existente.

¡Cuarenta y seis años en prisión esperando ser ejecutado siendo inocente! Por este hecho se podría invalidar todo un sistema judicial… pero ya verán como no revisan el sistema judicial.

En este caso se basaron en el hecho de que el acusado había confesado su crimen, pero… hay que tener en cuenta que, según la ley japonesa, se permite retener a cualquier sospechoso durante un máximo de 23 días en las comisarías, durante los cuales se realizan interrogatorios sin límite temporal, con torturas permitidas, sin abogado, y sin la garantía de una cámara que grabe todo. La federación que une a los abogados del país lleva años denunciando el método, que, dicen, favorece las confesiones falsas. En este caso, el acusado estuvo los 23 días en este tipo de interrogatorio... ¡y confesó lo que querían!       

Amnistía Internacional (AI), Human Rights Watch (HRW), y otras organizaciones independientes dedicadas a la defensa y protección de los derechos humanos han protestado y han pedido insistentemente la revisión de este y otros casos, pero…

En el sistema judicial japonés, o en cualquier otro, el acusado debería tener derecho a que su inocencia sea comprobada. Y… por favor, ¡que se tenga en cuenta que realizar la prueba de ADN a una persona no arruina a un Estado!... ¡Pueden hacerla... y rápido!