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PENSADORES ENTRE DOS AGUAS

“Bernard-Henri Lévy: "China aprovecha la pandemia para alimentar su ambición imperialista" Escritor y filósofo, enfant terrible de la intelectualidad francesa, valladar del pensamiento liberal. Bernard-Henri Lévy publica Este virus que nos vuelve locos (La Esfera de los Libros), una reivindicación de la sensatez frente

“Bernard-Henri Lévy: "China aprovecha la pandemia para alimentar su ambición imperialista"

BHLEscritor y filósofo, enfant terrible de la intelectualidad francesa, valladar del pensamiento liberal. Bernard-Henri Lévy publica Este virus que nos vuelve locos (La Esfera de los Libros), una reivindicación de la sensatez frente al catastrofismo pandémico. No considera el coronavirus ni un castigo divino ni el fruto de un estilo de vida insostenible, sino una catástrofe que debe encararse "sin sacralizar la salud.

P: ¿El confinamiento impuesto a raíz de la pandemia puede considerarse una forma de tiranía?

R: Tiranía, no. En cambio, limitación de libertades, ciertamente, sí. ¿Dónde está la diferencia? En el carácter provisional de dicha limitación. En la prohibición que nos imponemos de acostumbrarnos a ella. Y en el deber que tenemos todos los ciudadanos de considerar esta situación excepcional precisamente como eso, como algo excepcional.

P: ¿Entraña más riesgo la epidemia del miedo que la del propio virus?

R: Ambas se suman, porque el miedo nunca es buen consejero. Freud lo explicó muy bien, cuando dijo que la ansiedad es buena, pero el miedo, nefasto. La primera ayuda a vivir. El segundo nos hace morir. La angustia es legítima y ayuda a afrontar el mundo. El pánico es absurdo y siempre tiene efectos mortíferos. De tal forma que, si el primer deber de un Estado es velar porlibro de levy la salud de sus ciudadanos, el segundo debería ser hacer todo lo posible para controlar el pánico. ¿Es posible combinar ambos objetivos? ¿Es posible instalar una disciplina sanitaria que no lleve aparejada un clima de terror o, incluso, en ciertos casos, un cuasi Estado policial? Evidentemente, no estoy diciendo que sea algo fácil, pero la democracia pasa por esta exigencia de pensar los dos imperativos a la vez.

Usted recuerda que el virus no solo paralizó la actividad global y vació las calles de las principales ciudades, sino que logró hechos insólitos como el confinamiento de Hizbulá, la declaración de Europa como zona de riesgo para los terroristas del Estado Islámico (IS) y el acuerdo de Hamás con Israel para la dotación de mascarillas. ¿Estamos ante una pandemia inédita?

Como comprenderá, no me apena en absoluto que el IS haya mandado a todos sus combatientes al paro. Ni que Hamas y Hizbulá hayan enterrado provisionalmente el hacha de guerra con Israel. Pensemos, en cambio, por un momento en los habitantes de los suburbios de Lagos, en Nigeria, que se morían de hambre, porque no se atrevían a salir de sus casas y que, cuando lo hacían, disparaban contra ellos. Pensemos en lo que significa el confinamiento en una ciudad de Bangladesh o del sur de la India, donde sólo hay trabajadores precarios que, de la noche a la mañana, se quedaron sin nada que comer. Imaginemos uno de esos slums americanos, donde se pretende descubrir que black lives matter, pero donde se les deja a estos black lives morir de hambre o de otras enfermedades que no se curan. Porque los hospitales están saturados o, simplemente, la gente tiene miedo de ir a ellos.

P:¿Vivir con buena salud es el deseo último de nuestra existencia? ¿No hay otros valores, como la libertad o la justicia, que cuentan tanto como la supervivencia o incluso la vida?

R:He pasado mi vida diciendo que la vida no vale nada si solo consiste en vivir. Pasé toda mi vida defendiendo el ideal griego de la buena vida, es decir, de la vida libre, enriquecida por la fraternidad y sometida al orden de la ética. Y, por último, creo profundamente que existen valores por los que es legítimo no tanto morir cuanto asumir el riesgo de poder hacerlo. Por lo tanto, digo no, lógicamente, a esta sacralización de la salud. Digo no a la idea de que somos sólo cuerpos cuyo único deseo y cuya única necesidad es estar sanos. Y digo no a esa vida de animales en batería que nos están preparando. Y eso es algo que ya existía antes de la pandemia, pero que con ella se ha agravado.

15955258671474P: ¿Por qué siempre fracasan los augurios que vaticinan el fin o la transformación del capitalismo?

R: Porque todavía no hemos encontrado el medio para superar el capitalismo. Evidentemente, se le puede reformar o refundar. Porque no debemos aceptarlo tal y como es ahora mismo. Es la única forma de producción que puede ser continuamente refundado y remodelado, pero no destruido. Porque, al menos hasta ahora, lo que ha venido después siempre ha sido peor. Es triste que cada generación olvide esta evidencia. Es llamativo que la pandemia haya servido de divina sorpresa a todos los colapsólogos y demás profetas del fin del capitalismo. De nuevo, la indecencia y la obscenidad. Repito que esta pandemia es una tragedia y no una oportunidad para aprovechar o una coyuntura a explotar o una crisis que hay que saber tratar, como nos siguen repitiendo continuamente. Añado que la misma idea de que el virus sea un mensaje es algo vomitivo. Un virus no habla. Un virus no piensa. Un virus es sólo la muerte y, como tal, debe ser tratado, con firmeza y eficacia, pero con sobriedad.

P: ¿Cómo analiza la labor de los medios?

R: Crearon histeria y mantuvieron el pánico y, sobre todo, nos han colocado en una especie de mundo paralelo, en el que, durante meses, no existía nada más que la pandemia. Ni una palabra sobre Erdogan en Libia. Ni sobre las torturas y las masacres de Bachar al-Asad en Siria. La guerra de Ucrania ha desaparecido de nuestras pantallas mentales. Si la pandemia se instala o regresa, si hay una segunda oleada o un nuevo virus, sueño con un pacto moral entre los grandes medios, por el que se comprometan, por ejemplo, a consagrar un porcentaje x de sus informaciones a los acontecimientos que se continúen produciendo mientras la enfermedad golpee.

P: ¿En qué ha fallado la gestión de la pandemia en Francia, España e Italia?

R: No estoy seguro de que hayan fallado. Nuestros gobiernos han ido a tientas, han experimentado y ensayado, y lo hicieron respetando un mínimo de reglas democráticas.

P: Respecto a España, ¿qué opinión le merece la coalición de gobierno entre el PSOE y Podemos?Levy

R: En Looking for Europe, la obra teatral que interpretamos por toda Europa y, especialmente, en Madrid, Barcelona y Valencia, ya dije lo que pensaba de Podemos. A este partido le debemos la idea lamentable según la cual el populismo sería como el colesterol: que hay uno bueno y otro malo. El buen populismo sería el que, invitando a la gente a detestar a las élites, no les dejaría ni un minuto libre para detestar a los árabes, a los judíos o a los gays. Pues bien, esta teoría es sumamente floja y ridícula. Porque, cuando no ve modificar su objeto, el odio regresa siempre a su punto de partida. Es la estupidez de una ideología que ya no pretende ahuyentar las pasiones tristes del cuerpo político, sino reorientarlas... Ya no se trata de reducir la negra fuerza del resentimiento, sino justo hacerlo cambiar de diana. Es la miseria de esos líderes, cuyos modelos ya no son Pericles o Churchill, o incluso el Che Guevara y Marx, sino una bailarina que pasa su tiempo lanzando nuevas palomas de arcilla al aire gritando Piscina o un lamentable torero agitando una muleta, un trapo rojo marcado con la palabra élite...

P: A lo largo de su carrera ha destacado por combatir el racismo. ¿Cómo analiza lo que pasa en EEUU?

R: Se puede analizar de tres maneras. En primer lugar, una explosión de racismo, indirectamente alimentada por el discurso del propio Trump, por su vulgaridad, por su violencia y por el clima de odio social que ha instaurado en el país. En segundo lugar, como una bella reacción de la sociedad civil que, por vez primera desde hace mucho tiempo, se levantó como un solo hombre tras la muerte de George Floyd y reafirmó lo mejor de los valores liberales americanos. Pero, atención, porque en el seno de este movimiento antirracista, se percibe el ascenso de una corriente racial y diferenciadora, que quiere encerrar a los negros en su identidad y convierte dicha identidad en una cárcel.

https://www.elmundo.es/opinion/2020/07/25/5f19cf33fc6c83a23e8b4608.html

se trata de asegurar en los dos bandos, sí virus, sí cuidados, pero 

Ahí están las declaraciones de Bernard-Henri Lévy, siempre interesantes, este hombre liberal, o neoliberal, o bioliberal…. Se trata de asegurar en los dos bandos…sí virus, sí cuidados, pero también libertades….

JC: entre Pinto y Valdemoro, no me van a pillar en medio