QUE SÍ, QUE SÍ, QUE NO, QUE NO… DONALD TRUMP Y EL CANTO RUSO DE LA PARRALA
Ante esta noticia, ya no sabemos… Donald Trump admite que Rusia pudo interferir en las elecciones de EE.UU. Pero… la explicación que ha dado… ¡pudo haber intervenido Rusia o cualquier otro país!, y que la culpa de todo esto la tuvo el señor Obama por no haber hecho algo. Pero… vamos a ver, señor Donald, ¿vale que… ahor
Ante esta noticia, ya no sabemos…
Donald Trump admite que Rusia pudo interferir en las elecciones de EE.UU. Pero… la explicación que ha dado… ¡pudo haber intervenido Rusia o cualquier otro país!, y que la culpa de todo esto la tuvo el señor Obama por no haber hecho algo.
Pero… vamos a ver, señor Donald, ¿vale que… ahora que, interfieran para que usted pueda ganar votos y haya todo ese tipo de historias, y ahora le echa la culpa al otro?
Porque estaba tan seguro que no hizo nada, que estaba tan seguro de que iba a ganar Hillary Clinton que por eso pudo pasar eso, pero… Oiga, ¿y su legitimidad?,... (la suya). Porque si ellos pudieron interferir, e interfirieron de hecho, y usted –según el titular del periódico- admite que Rusia ‘pudo’ –hay un condicional- en las elecciones de Estados Unidos, pues la verdad es que es complicado.
La cuestión fundamental –nos dice- de nuestro tiempo es si occidente tiene la voluntad de sobrevivir. El rearme ideológico del modelo norteamericano.
Bueno, pues como todos. Todos tratan de hacer ese rearme y esas situaciones. Los nacionalismos de cualquier tipo tienen ese tipo de cuestión, y él ha querido, y le ha funcionado (la gente le ha votado) mirar hacia el propio sueño americano para recuperarlo; el sueño del anglosajón blanco que se había –según ellos- diluido por la influencia de otras minorías que van ganando peso en esa situación.
Mucha gente interfiere, eso es lo que dice, “esto lleva ocurriendo mucho tiempo”. Es decir, lo que está usted planteando –señor Donald Trump- es que la injerencia, la intromisión, y la posibilidad de manipulación de las elecciones, es de larga data y que lo hacen mucho y mucha gente.
Eso… lo que pasa es que no nos damos cuenta, pero es que está usted dinamitando su legitimidad. Si depende de quién quiera interferir, puede interferir, puede cambiar los resultados, esa historia de la aplicación de la soberanía del pueblo americano que decide su destino y esas cosas, no sería tal, señor Donald Trump. ¡Que estamos de acuerdo!, en no solo hay que tener un ciberataque para disimular no sé qué, o aquello de más allá, o difundir noticias falsas. Eso es… (fíjese) es tan viejo, tan viejo, como el sistema que utilizaron contra Kennedy cuando se presentó contra Richard Nixon, donde el sistema era el siguiente: en los grandes edificios de oficinas entraban dos señores y en horas punta se montaban, y entonces decían en voz bajita, cuando estaba todo lleno, “¿te has enterado del escándalo de Kennedy?”… Lo decían lo suficientemente alto para que todo el mundo se enterara pero que pareciera una cosa confidencial. Eso hizo el boca a boca. Es decir, la guerra sucia y ese tipo de cosas no es nada nuevo bajo el sol; el poder tiene eso. En todas las cuestiones políticas, ¿eh?, es decir, no conocemos –o por lo menos… digamos… porque pudimos votar desde las primeras elecciones después del régimen del general Franco (para la Constitución y demás)- no recordamos una campaña electoral en la que alguien nunca haya dicho algo del otro, sino que simplemente se haya metido a decir “Señores, voy a explicarles lo que quiero hacer. Lo que hagan lo demás me da igual. Yo, mire usted, le voy a contar, mire usted. Quiero esto porque quiero y creo que va a pasar lo esto, y entonces quiero lo otro… Y le cuento lo mío, para ver si está usted de acuerdo conmigo, me apoya, y vamos. Últimamente ya ni siquiera eso, o sea, se hace un estudio de mercado y se dice “¿Qué es lo que quiere la gente?”. Se le da bombo y platillo pues a aquello de… Como recordábamos cuando explicamos lo de la playa de Sevilla, ¿no?, del señor que llegó a plena Castilla-La Mancha, y dijo “¿Aquí que es lo que hace falta?”, “Una playa”, y dijo “¡Pues hay que traer la playa!”, (al centro de la Península).
Pues… Si prometer no cuesta nada, y ese tipo de intervenciones pues, evidentemente, sí existen.