SEA AMABLE, POR FAVOR
Una noticia amable, ¿por qué no? Amable, sí. Amable. Sea amable, por favor. No hace demasiado, hace pocos días, hablábamos de ello en una meditación., y justo llega este trabajo. Recogemos la noticia del diario El País: “Más contentos y también más sanos: las ventajas de ser amable. Ayudar y hacer felices a los demás n
Una noticia amable, ¿por qué no? Amable, sí. Amable. Sea amable, por favor. No hace demasiado, hace pocos días, hablábamos de ello en una meditación., y justo llega este trabajo. Recogemos la noticia del diario El País:
“Más contentos y también más sanos: las ventajas de ser amable. Ayudar y hacer felices a los demás nos procura múltiples beneficios para la salud física y anímica. Pero hay que empezar por uno mismo.”
“Hace una década una británica llamada Bernadette Russell fue testigo de cómo un joven era abatido a tiros por la policía en Tottenham. Este hecho dramático y los altercados que se sucedieron deprimieron a esta mujer que se sentía impotente ante las desgracias del mundo.
“Su vida cambió cuando en la oficina de correros observó que a un hombre le faltaban algunos peniques para el sello de la carta que tenía que mandar. Tras ofrecerle las monedas, al ver la sonrisa de su rostro y su gratitud, Russell se dijo que aquel acto de magia le había salido muy barato.”
“Así nació el plan de hacer durante todo un año un acto de amabilidad diario a un extraño, y así describía el efecto en su humor. “La mayor parte del tiempo sentía una especie de resplandor cálido que envolvía mi corazón y también la barriga. Sencillamente me sentía muy bien.”
“Fruto de esta experiencia escribió “The Little Book of Kindness, everyday actions to change your life and the world around you". En su libro empieza remarcando la importancia de ser amable con uno mismo, además de serlo con los demás. Para Russell esa amabilidad primaria es la que permitirá llenarte de ese regalo para los demás. Eso incluye frecuentar personas divertidas, leer y visionar cosas inspiradoras, mover el cuerpo, alimentarse bien y decir no a lo que no nos apetece, y sí a lo que deseamos hacer. En sus propias palabras: “Tu infelicidad no mejorará el mundo, mientras que, si tratas de ser feliz, te será más fácil repartir amabilidad a los demás.”
“A partir de ahí su experiencia altruista con personas anónimas le aportó un sentido de conexión con el mundo, y la satisfacción diaria de aportar un granito de arena, a la vez que se olvidaba de sus propios problemas. Esta amabilidad, sostiene Russell, empieza preguntando a las personas del entorno cómo están, y escuchando con atención sus respuestas. Haciendo las preguntas pertinentes para profundizar en lo que está contando. A partir de ahí, propone iniciativas tan sencillas como acercar un café y una pasta a alguien que vive en la calle, o que vemos cada día. Dar conversación a la persona que aparezca más solitaria y melancólica en una fiesta o reunión social, o elogiar el trabajo del mensajero que viene a traernos un paquete. “
“Sin duda, esta clase de gestos ayudan a hacer la vida más agradable a los demás, pero ¿qué sucede dentro de uno mismo cuando se practica esta clase de amabilidad? Según el neuropsicólogo Richard J. Davidson, que ha colaborado con Daniel J. Goleman, “la práctica de la bondad puede reducir los niveles de inflamación del organismo”. Mientras que un estudio realizado en el 2017, con más de 40.000 individuos, concluyó que las personas que practican el voluntariado a lo largo de su existencia tienen mejor salud que el resto, y su esperanza de vida se ve aumentada hasta cinco años.”
“Otras investigaciones estimaron que el incremento de sensación de felicidad en el individuo aumenta casi un punto, en una escala de 0 a 10, en el momento de ser amable con otra persona. Incluso, el hecho de observar un acto de bondad, según el antropólogo de la Universidad de Oxford, Lee Rowland, “mejora nuestro estado de ánimo frente al mundo, inundado por el estrés y las malas noticias”.
“Esta visión ha sido confirmada por el doctor David Hamilton, especialista en el efecto placebo, con larga experiencia en las industrias farmacéuticas. Entre las conclusiones de su libro "Los cinco beneficios de ser amable” esta actitud ha demostrado ser un “antídoto natural contra el estrés y las emociones negativas. Desde un punto de vista bioquímico se observa una elevación notable de la dopamina en el cerebro, lo que se conoce coloquialmente como el “subidón del ayudante”. Por otra parte, la amabilidad protege nuestro sistema cardiovascular, ya que reduce la presión arterial al producir oxitocina y liberar óxido nítrico, que dilata los vasos sanguíneos. Por este motivo, se considera un seguro contra la ansiedad, tanto si somos activistas de esa virtud como si la observamos.”
“Si tan beneficiosa es la amabilidad, ¿por qué no la practica todo el mundo? Una posible razón es que como en todo, cuando sale de mesura, acaba siendo perjudicial para quien la practica. Según un estudio conjunto de la Colombia business school y el University College de Londres, las personas particularmente amables presentan un 50% más de riesgo de entrar en números rojos. Así mismo, muchos profesionales amables, de gran talento, sacrifican su éxito para que lo puedan alcanzar otros. En estos casos, sin embargo, hablaríamos de un grado de amabilidad patológico, lo cual no cumple con las premisas de la señora Russell: ser primero amable con uno mismo.”
Pues ahí está. La amabilidad puede ser, además, contagiosa. Esto, esto es. ¡Sea amable por favor! ¡Sea amable por favor! ¡Sea amable por favor!
“Así nació el plan de hacer durante todo un año un acto de amabilidad diario a un extraño, y así describía el efecto en su humor. “La mayor parte del tiempo sentía una especie de resplandor cálido que envolvía mi corazón y también la barriga. Sencillamente me sentía muy bien.”
“Otras investigaciones estimaron que el incremento de sensación de felicidad en el individuo aumenta casi un punto, en una escala de 0 a 10, en el momento de ser amable con otra persona. Incluso, el hecho de observar un acto de bondad, según el antropólogo de la Universidad de Oxford, Lee Rowland, “mejora nuestro estado de ánimo frente al mundo, inundado por el estrés y las malas noticias”.