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UN REPORTAJE MÁS DE DOLOR Y DRAMA: TRAFICO DE PERSONAS EN MALI

“El pueblo de las almas perdidas” “Unos 400 jóvenes de Oussoubidiagna, en Malí, han muerto en el intento de llegar a Europa, pero sus familias sobreviven gracias a quienes lo lograron. A decenas de kilómetros de ninguna parte hay un pueblo llamado Oussoubidiagna que está habitado por fantasmas. Los mapas dicen que se e

“El pueblo de las almas perdidas”

1570702714 836004 1572625778 noticia normal recorte1“Unos 400 jóvenes de Oussoubidiagna, en Malí, han muerto en el intento de llegar a Europa, pero sus familias sobreviven gracias a quienes lo lograron.

A decenas de kilómetros de ninguna parte hay un pueblo llamado Oussoubidiagna que está habitado por fantasmas. Los mapas dicen que se encuentra en Malí, en la región de Kayes, en el noroeste del país, pero qué saben los mapas. Sin agua corriente ni luz, ni hospital ni instituto, ni fábricas ni comercios, en sus calles inundadas por la lluvia y entre sus casas de barro se asoman, de vez en cuando, algunos jóvenes con la mirada extraviada entre el aquí y el allá.

Sueñan con irse, como hicieron sus hermanos mayores, hoy en Francia o en España, o como los 400 que en los últimos 20 años desaparecieron en los caminos, tragados por la tierra o por el mar. Mamadou Cissokhó, primer alcalde que tuvo el pueblo (de unos 4.000 habitantes) y hoy presidente de la Asociación de Salud Comunitaria1570702714 836004 1572625865 sumario normal recorte1 Felascom, es el único que se ha tomado la molestia de hacer la cuenta. Todos perdidos, todos fantasmas, primero en la ruta hacia Canarias o el Estrecho, ahora tragados por el infierno de Libia o en el Mediterráneo. Detrás de cada Open Arms, de cada Aquarius, de cada barco a la deriva, salto a la valla o cayuco hay cientos de Oussoubidiagnas.

Con diez años, Habibu Cissokhó ya empuñaba la azada con maestría y doblaba la espalda en el campo de cacahuetes. Dos décadas más tarde sintió que empezaba a hacerse viejo metido en el mismo surco. Decidió marchar a la "aventura", como llaman al viaje emprendido para abandonar sus hogares. “Nos juntamos en una playa de Mauritania. Éramos, no sé, 75 u 80 personas. Había gente de Senegal, de Costa de Marfil, de Malí. Teníamos miedo, pero nadie quería mirar hacia atrás”, recuerda. Tras seis días en el mar, la isla de Gran Canaria. “Murieron dos”, añade, como si dijera “pasamos frío” o “hacía viento”, como si fuera una circunstancia más del viaje. Tres semanas más tarde lo expulsaron. Vuelta a empezar.

1570702714 836004 1572626143 sumario normal recorte1Las chicas jóvenes de Oussoubidiagna llevan en sus cabezas los platos de comida para sus padres o maridos que trabajan en los campos de alrededor, pocos cada vez menos.

Sabemos de los peligros, no nos esconden nada, conocemos a los muertos, pero es una apuesta.

Pese a las denuncias de esclavitud, a la certeza del sufrimiento y la tortura, el río humano que desemboca en Trípoli no deja de fluir. En julio pasado había casi 650.000 emigrantes en este país africano. “Claro que lo sabía, leo las noticias, escucho a los compañeros, lo sabemos. Pero eso es una cosa y otra muy distinta es vivirlo en tu propia carne. Si mañana me dicen de regresar a Libia, digo que no. Por eso ahora estoy estancado”, comenta Moriké Cissokhó.”

https://elpais.com/internacional/2019/10/10/actualidad/1570702714_836004.html